Gratitud en el alma: El Dr. Julio Huamán, testigo de la hermandad peruano-japonesa, rinde homenaje a los valores nipones en el INSM “HD-HN”.

Nota de prensa
En vísperas del cumpleaños del Emperador de Japón, el exdirector del instituto comparte su experiencia como becario en Japón y destaca la calidez de una misión que transformó su vida y la psiquiatría.
Gratitud en el alma: El Dr. Julio Huamán, testigo de la hermandad peruano-japonesa, rinde homenaje a los valores nipones en el INSM “HD-HN”.
Gratitud en el alma: El Dr. Julio Huamán, testigo de la hermandad peruano-japonesa, rinde homenaje a los valores nipones en el INSM “HD-HN”.
Gratitud en el alma: El Dr. Julio Huamán, testigo de la hermandad peruano-japonesa, rinde homenaje a los valores nipones en el INSM “HD-HN”.
Gratitud en el alma: El Dr. Julio Huamán, testigo de la hermandad peruano-japonesa, rinde homenaje a los valores nipones en el INSM “HD-HN”.

20 de febrero de 2026 - 4:32 p. m.

"Lo central de todo esto es la gratitud", afirma con voz pausada el Dr. Julio Huamán Pinedo. Con más de cuatro décadas vinculado al Instituto Nacional de Salud Mental, su historia es un relato de lealtad y reconocimiento. Huamán, quien fue jefe de rehabilitación y director de la institución, se siente profundamente deudor de la "consideración japonesa", ese trato amable y protector que recibió tanto en Lima como durante su beca en el país del sol naciente.

Su viaje a Japón en los años ochenta fue un hito que marcó su carrera. Durante diez meses, Huamán no solo estudió técnicas avanzadas de rehabilitación en Tokio, sino que fue en algún momento, acogido por la familia del Dr. Tadahiko Sato quien integró la Misión Japonesa en el INSM. "Me sentía protegido", recuerda, rompiendo el mito de la frialdad oriental. Para él, la cortesía japonesa es una forma de amor al prójimo, una diplomacia del corazón que se manifiesta en el respeto absoluto por el espacio y la dignidad del otro. Esta gratitud se extiende a la labor de los especialistas japoneses que llegaron al Perú. Huamán evoca con cariño a los terapeutas ocupacionales que se sentaban a trabajar hombro a hombro con los peruanos. No venían solo a dirigir, venían a compartir. Ese intercambio humano, más que técnico, fue lo que permitió que el INSM “HD-HN” no fuera una fría oficina gubernamental, sino una casa de sanación con alma y principios claros.

En el contexto del Natalicio del Emperador Naruhito, que se conmemora este 23 de febrero, el Dr. Huamán reflexiona sobre la figura imperial como símbolo de unidad. Recuerda que el instituto nació bajo el reinado del Emperador Hirohito y cómo esa estabilidad se tradujo en un apoyo constante. "Los japoneses son reservados, sumamente solemnes, respetan y hacen que respeten su espacio, su privacidad", dice entre risas, destacando esa "distancia prudente y respetable" que genera un entorno de trabajo saludable y libre de conflictos innecesarios. El doctor resalta que la rehabilitación psiquiátrica en el Perú le debe su estructura al modelo comunitario japonés. Al regresar de su beca, Huamán aplicó lo aprendido para crear programas que buscaban la autonomía del usuario. Su objetivo era que la persona recuperara sus habilidades sociales y profesionales, tal como vio en los centros de Hiroshima y Tokio. Para él, rehabilitar es un acto de justicia social inspirado en la tenacidad nipona.

Un aspecto humano que Huamán destaca es el cuidado de lo ecológico dentro del instituto. El legado japonés se respira en los jardines y en el orden impecable de muchas áreas de nuestra institución como "Casa de Fuerza". "Era como entrar a una sala de cirugía", comenta al describir el mantenimiento de los equipos. Esta estética de lo limpio y lo cuidado es, según el psiquiatra, una manifestación de salud mental interna que los japoneses supieron heredar a sus colegas peruanos. La entrevista también toca la fibra de la nostalgia. Huamán recuerda a sus compañeras y compañeros becarios, como Castillo, López, Miyahira, Mendoza, Robles, entre otros, quienes formaron una vanguardia intelectual. Todos ellos fueron beneficiarios de un gesto de generosidad que el gobierno japonés mantuvo incluso en los años más difíciles del Perú. Esa persistencia es lo que el Dr. Huamán califica como una "nobleza de espíritu" que hoy debemos honrar.

Para el Dr. Huamán, la salud mental del país está vinculada al desarrollo humano, un concepto que aprendió a valorar en Japón. "Si no tenemos desarrollo humano, no hay salud mental", sentencia. Su propuesta es retomar los "principios fundacionales" de la institución, aquellos que hablaban de honestidad, puntualidad y respeto, valores que son el núcleo de la cultura japonesa y que él considera el remedio para los males sociales del Perú. El especialista hace un llamado a las nuevas generaciones a recuperar la figura del sensei o maestro. En un mundo cada vez más impersonal, la comunicación asertiva y el reconocimiento de la experiencia son factores protectores de la mente. "Debemos crear una atmósfera de bienestar y orgullo por el trabajo hecho con amor", añade Huamán, quien ve en la fiesta nacional japonesa una oportunidad para renovar estos votos de excelencia.

Al cerrar su intervención, el Dr. Julio Huamán Pinedo reitera que el INSM “HD-HN” es un monumento vivo a la amistad entre dos pueblos. Su testimonio, cargado de humanidad, es un puente de gratitud que cruza el océano. En este Natalicio del Emperador, su voz representa la de cientos de profesionales y pacientes que, gracias a la mano extendida de Japón, encontraron un camino de luz y esperanza en la salud mental.