Especialista en salud mental presenta innovador enfoque sistémico para el tratamiento del duelo prolongado en Jornada Científica
Nota de prensaPsicóloga Adelaida Silva Ramos presentó seis pilares clínicos que transforman el dolor en un legado saludable, priorizando la seguridad emocional y la reorganización del sistema familiar.
21 de febrero de 2026 - 10:14 a. m.
Lic. Adelaida Silva Ramo, destacó con su ponencia sobre la psicoterapia del duelo prolongado desde un enfoque sistémico familiar, una propuesta que busca abordar la pérdida no como un proceso individual aislado, sino como una experiencia que reorganiza los vínculos y roles de todo el entorno del paciente. La disertación se dio durante la jornada científica “Las depresiones: más allá de sus fronteras” a propósito del XLI aniversario del Departamento de Emergencia del Instituto Nacional de Salud Mental "Honorio Delgado-Hideyo Noguchi" (INSM "HD-HN").
La especialista, que labora en el departamento de Emergencia del INSM “HD-HN”, subrayó que el duelo no elaborado puede afectar a generaciones futuras, transmitiendo mensajes implícitos de culpa y silencio. Ante este desafío clínico, Silva Ramos propuso un marco de intervención que integra la teoría del apego, perspectivas transgeneracionales y el trabajo narrativo. Según explicó, el objetivo primordial no es simplemente "borrar" la memoria del fallecido, sino permitir que el sistema familiar encuentre un lugar saludable para la pérdida en su historia compartida.
La metodología presentada se organiza en seis pilares fundamentales, comenzando por la contención y la narrativa del duelo. En este primer momento, el terapeuta no busca la elaboración inmediata de la pérdida, sino sostener al sistema familiar sin desbordarlo, priorizando la seguridad emocional y relacional de sus miembros. Esta fase es crucial para validar el derecho de la familia a no estar bien y para diferenciar el sufrimiento momentáneo de la estructura funcional del sistema. Un segundo eje vital es el análisis del vínculo con el fallecido y las lealtades invisibles. Silva Ramos advirtió que el dolor puede funcionar a veces como una forma de "pertenencia" o lealtad, donde el sufrimiento se convierte en el único lazo que sostiene el vínculo cuando este no ha podido transformarse adecuadamente. La intervención sistémica busca autorizar nuevas formas de vinculación interna, ayudando a los deudos a diferenciar que amar no es equivalente a sufrir perpetuamente. El tercer pilar se enfoca en la reorganización del sistema familiar, reconociendo que la muerte produce una ruptura que modifica jerarquías y alianzas. La experta señaló que es común que algunos miembros asuman sobrecargas emocionales o roles que no les corresponden, como la parentalización de los hijos. El síntoma individual se entiende entonces como una respuesta relacional, y la terapia orienta a la familia a recuperar el orden funcional para evitar que el duelo se convierta en una "bomba de tiempo" emocional.
La cuarta etapa, centrada en la significación y elaboración simbólica, utiliza herramientas como metáforas y rituales. Silva Ramos utilizó la analogía de una herida profunda: si se tapa demasiado pronto, se infecta; si nunca se destapa para que respire, no cicatriza. Mediante cartas al fallecido o globos de memoria, se busca que la familia integre la pérdida en su narrativa, transformando el dolor en un significado con valor de aprendizaje. Posteriormente, la intervención aborda la proyección identitaria y la continuidad vital. El duelo prolongado puede bloquear proyectos personales debido a la culpa por "seguir viviendo". El trabajo terapéutico apunta a que cada miembro recupere su autonomía y reconozca su derecho a vivir plenamente, integrando la memoria de quien partió como un impulso para metas futuras y no como un ancla que paraliza el proyecto de vida.
Finalmente, la ponencia trató la reubicación transgeneracional, un proceso para romper ciclos de sufrimiento heredados. Al identificar patrones de silencio o mandatos rígidos (como "los hombres no lloran"), la terapia sistémica facilita que las generaciones futuras aprendan del duelo de manera saludable. Este enfoque integral asegura que el legado del fallecido se transmita como un valor de resiliencia y no como una carga emocional insostenible.
Durante la ronda de preguntas, la Lic. Silva enfatizó la importancia de herramientas como el genograma para visualizar estas dinámicas a través de tres generaciones. Asimismo, abordó temas complejos como el duelo en casos de desaparición o en adolescentes con trastornos del desarrollo, reiterando que la "nutrición relacional" —el afecto, la presencia y el contacto físico, especialmente en adultos mayores— es la vitamina esencial para que una familia crezca unida tras la adversidad.
La especialista, que labora en el departamento de Emergencia del INSM “HD-HN”, subrayó que el duelo no elaborado puede afectar a generaciones futuras, transmitiendo mensajes implícitos de culpa y silencio. Ante este desafío clínico, Silva Ramos propuso un marco de intervención que integra la teoría del apego, perspectivas transgeneracionales y el trabajo narrativo. Según explicó, el objetivo primordial no es simplemente "borrar" la memoria del fallecido, sino permitir que el sistema familiar encuentre un lugar saludable para la pérdida en su historia compartida.
La metodología presentada se organiza en seis pilares fundamentales, comenzando por la contención y la narrativa del duelo. En este primer momento, el terapeuta no busca la elaboración inmediata de la pérdida, sino sostener al sistema familiar sin desbordarlo, priorizando la seguridad emocional y relacional de sus miembros. Esta fase es crucial para validar el derecho de la familia a no estar bien y para diferenciar el sufrimiento momentáneo de la estructura funcional del sistema. Un segundo eje vital es el análisis del vínculo con el fallecido y las lealtades invisibles. Silva Ramos advirtió que el dolor puede funcionar a veces como una forma de "pertenencia" o lealtad, donde el sufrimiento se convierte en el único lazo que sostiene el vínculo cuando este no ha podido transformarse adecuadamente. La intervención sistémica busca autorizar nuevas formas de vinculación interna, ayudando a los deudos a diferenciar que amar no es equivalente a sufrir perpetuamente. El tercer pilar se enfoca en la reorganización del sistema familiar, reconociendo que la muerte produce una ruptura que modifica jerarquías y alianzas. La experta señaló que es común que algunos miembros asuman sobrecargas emocionales o roles que no les corresponden, como la parentalización de los hijos. El síntoma individual se entiende entonces como una respuesta relacional, y la terapia orienta a la familia a recuperar el orden funcional para evitar que el duelo se convierta en una "bomba de tiempo" emocional.
La cuarta etapa, centrada en la significación y elaboración simbólica, utiliza herramientas como metáforas y rituales. Silva Ramos utilizó la analogía de una herida profunda: si se tapa demasiado pronto, se infecta; si nunca se destapa para que respire, no cicatriza. Mediante cartas al fallecido o globos de memoria, se busca que la familia integre la pérdida en su narrativa, transformando el dolor en un significado con valor de aprendizaje. Posteriormente, la intervención aborda la proyección identitaria y la continuidad vital. El duelo prolongado puede bloquear proyectos personales debido a la culpa por "seguir viviendo". El trabajo terapéutico apunta a que cada miembro recupere su autonomía y reconozca su derecho a vivir plenamente, integrando la memoria de quien partió como un impulso para metas futuras y no como un ancla que paraliza el proyecto de vida.
Finalmente, la ponencia trató la reubicación transgeneracional, un proceso para romper ciclos de sufrimiento heredados. Al identificar patrones de silencio o mandatos rígidos (como "los hombres no lloran"), la terapia sistémica facilita que las generaciones futuras aprendan del duelo de manera saludable. Este enfoque integral asegura que el legado del fallecido se transmita como un valor de resiliencia y no como una carga emocional insostenible.
Durante la ronda de preguntas, la Lic. Silva enfatizó la importancia de herramientas como el genograma para visualizar estas dinámicas a través de tres generaciones. Asimismo, abordó temas complejos como el duelo en casos de desaparición o en adolescentes con trastornos del desarrollo, reiterando que la "nutrición relacional" —el afecto, la presencia y el contacto físico, especialmente en adultos mayores— es la vitamina esencial para que una familia crezca unida tras la adversidad.
Esta noticia pertenece al compendio Noticias de la Jornada científica: "Las depresiones: más allá de sus fronteras".