Especialista en Trabajo Social señala que "Un alta clínica sin soporte social es un riesgo de vida o muerte para pacientes con depresión en
Nota de prensaMagister Violeta Vargas destacó que el éxito del tratamiento depende en un 60% de los determinantes sociales, proponiendo una alianza estratégica entre la medicina y el trabajo social clínico.
21 de febrero de 2026 - 3:13 p. m.
Durante la Jornada Científica “Las depresiones: más allá de sus fronteras”, organizada por el XLI Aniversario del Departamento de Emergencia del INSM "HD-HN", la Mag. Violeta Vargas Palomino presentó una visión crítica sobre el abordaje de la salud mental. La especialista enfatizó que la depresión no es un evento clínico aislado, sino una condición compleja donde convergen factores biológicos y determinantes sociales críticos.
Vargas, trabajadora social y terapeuta familiar sistémica, advirtió sobre el "punto ciego" de la medicina convencional que prioriza solo el síntoma biológico. Según citó de la OMS, entre el 50 % y 60 % del éxito terapéutico no depende de fármacos, sino del entorno donde vive y se desarrolla el paciente.
En el contexto de emergencia, la experta definió que un alta clínica sin las condiciones sociales mínimas constituye un "alta de alto riesgo". "Cuando el riesgo social no es evaluado, el riesgo clínico reaparece", sentenció al explicar que la estabilidad del paciente depende de un suelo firme para sostener su recuperación. El rol del trabajador social en la emergencia psiquiátrica fue redefinido como un puente en la decisión clínica. Su labor no se limita a la visita domiciliaria, sino a evaluar la estructura del sistema familiar, identificar factores protectores y explorar el contexto real que mantiene el riesgo autolítico.
Como evidencia de este enfoque, Vargas presentó el caso de una menor de 12 años con ideación suicida. A través de un genograma, se detectó un "abuso simbólico transgeneracional", demostrando que el uso excesivo de redes sociales era solo un mecanismo de evasión ante un entorno familiar patógeno. La intervención técnica en este caso prescribió la separación física del agente agresor en la vivienda multifamiliar. Esta decisión técnica buscó garantizar que el entorno no anulara el efecto de la estabilización psicofarmacológica iniciada por el equipo médico, evitando así la reincidencia inmediata.
Vargas subrayó la importancia de las "preguntas circulares" para desafiar la homeostasis familiar y romper lealtades invisibles que perpetúan la enfermedad. Este diagnóstico social clínico no compite con el médico, sino que lo completa al traducir el contexto familiar en información relevante. La ponencia concluyó que "el éxito del fármaco muere en un sistema familiar sin soporte". Para que la neurociencia sea efectiva en el paciente, el ecosistema social debe permitir la sanación, funcionando el diagnóstico social como un filtro de seguridad indispensable ante la negligencia.
Finalmente, la especialista insistió en valorar desde las políticas públicas la interdisciplinaridad en el nivel primario de salud. Instó a los gestores a promover una interacción real entre profesionales para avanzar en la prevención desde el nacimiento y la niñez.
Vargas, trabajadora social y terapeuta familiar sistémica, advirtió sobre el "punto ciego" de la medicina convencional que prioriza solo el síntoma biológico. Según citó de la OMS, entre el 50 % y 60 % del éxito terapéutico no depende de fármacos, sino del entorno donde vive y se desarrolla el paciente.
En el contexto de emergencia, la experta definió que un alta clínica sin las condiciones sociales mínimas constituye un "alta de alto riesgo". "Cuando el riesgo social no es evaluado, el riesgo clínico reaparece", sentenció al explicar que la estabilidad del paciente depende de un suelo firme para sostener su recuperación. El rol del trabajador social en la emergencia psiquiátrica fue redefinido como un puente en la decisión clínica. Su labor no se limita a la visita domiciliaria, sino a evaluar la estructura del sistema familiar, identificar factores protectores y explorar el contexto real que mantiene el riesgo autolítico.
Como evidencia de este enfoque, Vargas presentó el caso de una menor de 12 años con ideación suicida. A través de un genograma, se detectó un "abuso simbólico transgeneracional", demostrando que el uso excesivo de redes sociales era solo un mecanismo de evasión ante un entorno familiar patógeno. La intervención técnica en este caso prescribió la separación física del agente agresor en la vivienda multifamiliar. Esta decisión técnica buscó garantizar que el entorno no anulara el efecto de la estabilización psicofarmacológica iniciada por el equipo médico, evitando así la reincidencia inmediata.
Vargas subrayó la importancia de las "preguntas circulares" para desafiar la homeostasis familiar y romper lealtades invisibles que perpetúan la enfermedad. Este diagnóstico social clínico no compite con el médico, sino que lo completa al traducir el contexto familiar en información relevante. La ponencia concluyó que "el éxito del fármaco muere en un sistema familiar sin soporte". Para que la neurociencia sea efectiva en el paciente, el ecosistema social debe permitir la sanación, funcionando el diagnóstico social como un filtro de seguridad indispensable ante la negligencia.
Finalmente, la especialista insistió en valorar desde las políticas públicas la interdisciplinaridad en el nivel primario de salud. Instó a los gestores a promover una interacción real entre profesionales para avanzar en la prevención desde el nacimiento y la niñez.
Esta noticia pertenece al compendio Noticias de la Jornada científica: "Las depresiones: más allá de sus fronteras".